• David Otero(Stradivarius)

Mis relatos

Actualizado: 20 de feb de 2019


DIVAGACIONES

Buscando en lo más recóndito de mi memoria he encontrado momentos que me han hecho sonreír, otros me han arrancado alguna lágrima.

La vida es tan efímera como compleja, nunca puedes estar seguro de nada salvo de ti mismo, aunque moderadamente, porque los años te van cambiando por dentro y por fuera. Por eso a veces busco en los recuerdos, aunque recordar no sirva de mucho si cometes los mismos errores una y otra vez.

Supongo que la condición humana es así, frágil, variable, voluble a veces…

Cuando nos vamos haciendo mayores, cuando vemos el fin de los que quisimos, el fin que se aproxima a nosotros a grandes zancadas, recapitulamos y sentimos que muchas de las cosas vividas podrían haber sido distintas, una decisión no tomada, un no, no expresado, habría cambiado tantas cosas… Y ahora, no merece la pena mortificarse por lo que fue y pudo no ser, como decía, es la condición, nuestra particular condición la que nos hacer ser lo que somos.

Por otra parte, esa es la grandeza del libre albedrío, de nuestra capacidad de pensar y tomar decisiones, acertadas o equivocadas, pero siempre nuestras.

En mi caso, no creo ni en el destino ni en la predestinación, no creo en un dios creador ni en un salvador, creo que no existen ni el premio ni el castigo.

¿Cómo es posible creer en una entelequia que hace a los hombres ruines, malos, amorales?... No, no puede existir alguien así, sería un monstruo de maldad, crearnos para hacernos sufrir y además de ello condenarnos. Absurdo.

Lo que he aprendido en mis años, es que cada quién es dueño de sus actos, de sus decisiones, nadie puede decantar su culpa en alguien superior que le ha creado así, me suena a broma, igual que me suena el agradecerle los bienes recibidos.

¿Quién se supone qué es el responsable de que unos pocos tengan una riqueza inmensa, mientras otros no tienen lo básico para sobrevivir?...

Yo les diré quién es: usted, yo, cada uno de nosotros, somos nosotros los que creamos armas, los que las utilizamos contra otros seres humanos, los que odiamos al diferente, los que codiciamos los bienes ajenos. ¡Ah la codicia! Esa sí que es el verdadero pecado original, un pecado que está en nuestro ADN y que unos saben contener y otros no, esa es la diferencia entre las buenas y las malas personas, esa es la culpable de vivir en una sociedad tan materialista, tan competitiva e insolidaria.

Llevo tiempo pensando en cómo podría solucionarse esto; todavía no he encontrado la respuesta, pero no desespero, quizás en el fondo, muy en el fondo de los corazones de piedra lata una diminuta semilla de humanidad que logre crecer hasta conseguir partir la piedra y germinar trayendo nuevas esperanzas.

La evolución tiene dos pilares, el sufrimiento y el amor. De cuanto podamos sacar de ambas cosas dependerá el futuro de la humanidad.

VIVIR

No vivo para lo que de la muerte espero

Si viviera esperando lo que ni sé ni conozco

Viviría atenazado por el miedo que me juzga

Vivo para amar la vida, para vivir sin medida

Porque mi espíritu es libre como es libre el albedrío

Solo me importa el presente que me trae el nuevo día

Lo vivido doy por bueno porque soy lo que he sido

El presente es el ahora que me enseña nueva vida

Que vivo como si fuera a vivir mi último día.

DOA

Valladolid 9 abril 2018

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