• David Otero(Stradivarius)

#cuentosdeNavidad

CARTA AL PAPA FRANCISCO


Santidad:

No he querido dejar pasar estas entrañables fiestas navideñas sin enviarle mi felicitación.

Le deseo que disfrute rodeado de la Curia Romana y de las personas más afines a vuestra Santidad.

Yo las he pasado trabajando, no porque fuera mi gusto el hacerlo, prefería haber estado en casa cenando con mi familia el día 24 de diciembre, pero como ustedes suelen decir: El hombre propone y Dios dispone.

Pues quiso disponer Dios, que en la tarde noche de ese día, estando en el faro de Barbate, observando con los prismáticos como la mar se iba arbolando y las olas rompían cada vez con más fuerza contra las cercanas rocas. En un momento determinado me pareció ver la pequeña luz roja de una bengala, estaría como a unas dos millas de mi posición, relativamente cerca, pero dado el cariz que estaba tomando la mar, una distancia casi insalvable para lo que yo inmediatamente imaginé, una patera.

Di aviso por radio a la embarcación de intervención rápida de Salvamento Marítimo, les indiqué las coordenadas y salieron de inmediato a su rescate.

Como yo había intuido, se trataba de una patera cargada con veinte subsaharianos hacinados en la pequeña embarcación. Quince hombres, dos mujeres y tres menores.

La patera estaba a punto de hundirse en las embravecidas aguas.

Cuando llegó el auxilio se encontraron con un panorama desgarrador, tres de los ocupantes habían muerto, uno de ellos niño, de las dos mujeres, una de ellas Maryam, había roto aguas y estaba a punto de dar a luz, su marido Khusih, la sostenía a duras penas en sus brazos tratando de calmarla.

Tras una peligrosa y complicada operación de salvamento, todos, incluso los fallecidos, fueron subidos a bordo, la patera, como si hubiese estado esperando el milagro del rescate, nada más salir el último de sus ocupantes, chocó con la Salvamar Gadir, se partió en dos y se hundió en las profundidades de la mar.

Maryam, atendida por el médico que forma parte de la tripulación de salvamento, dio a luz un precioso niño al que Khusih, su padre, puso por nombre Yasue, Jesús, en castellano.

Procedía esta familia sunita de Siria, de donde venían huyendo de la larga guerra que asola su país, a través de miles de kilómetros y después de atravesar Jordania, Egipto, Libia, Argelia y Marruecos, donde, después de pagar hasta el último dírham que les quedaba, consiguieron plaza en la patera que los llevaría a Europa, a la libertad. Su destino era Tarifa, en Cádiz, pero las condiciones de la mar y la falta de pericia del piloto hicieron que se desviasen de su ruta y por fortuna para ellos llegar a Barbate cuando estaban a punto de naufragar y morir todos ahogados; fue con la última de las diez bengalas que habían lanzado, cuando el farero, es decir, yo, vi el resplandor y envié a rescatarles.

Los otros quince ocupantes eran somalíes, nigerianos y senegaleses, con ellos estaba también el marroquí dueño de la patera.

Una vez en tierra firme, todos fueron llevados al Centro de Acogida de Inmigrantes, menos Maryam y Yasue, que fueron llevados en ambulancia al Consultorio Barbate I Anexo Materno Infantil.

Han pedido asilo político, pero nuestro gobierno no parece muy dispuesto a concedérselo. Es por esto por lo que, perdone mi atrevimiento, me dirijo a su Santidad para que interceda por ellos, me refiero al matrimonio sirio, al resto, a los subsaharianos les tendrán una temporada en el Centro de Acogida de Inmigrantes y, casi con total seguridad, les devolverán por donde han venido.

No habrá pasado inadvertida a su Santidad, la curiosa analogía de nombres y fechas que concurren en la historia de Khusih y su familia.

¿Imagina si José y María no hubiesen encontrado un pesebre en el que acogerse para traer al mundo a Jesús?, seguramente usted no sería Papa y yo no le estaría escribiendo esta carta.

Con respeto, beso su mano.


Fdo: El farero de Barbate

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